—Pero esa fria amistad...
—Don Fernando, la amistad en la mujer es el prólogo del amor.
—Ved lo que decis, señora.
—Y bien... si yo os dijese que mi amistad hácia vos es interesada, algo mas que amistad...
—Os preguntaria la razon de no concederme por completo vuestro amor.
—Recordad: yo no os he llamado jamás Aben-Humeya, sino don Fernando.
—No os comprendo.
—Comprendedme, pues; yo no os quisiera ver moro.
—¡Ah! ¡sois vasalla fidelísima del rey de España!
—No, porque no soy española: por el contrario le aborrezco, porque es el opresor de mi patria la hermosa Italia: pero si no soy española, soy cristiana, don Fernando.