—¡Por que soy musulman, ó lo parezco! ¡qué extraño capricho!

—Aunque volvíeseis á vuestro antiguo estado; aunque os reconcilíaseis con la Iglesia, yo no seria vuestra.

—¡Ah! ¿no querriais ser mi esposa?

—No, porque sois casado.

—¡Casado!

—Si; con Isabel de Rojas como cristiano; con María de Rojas como moro.

—¿Es decir, que de ningun modo sereis mia?

—No puedo serlo.

—Y si no podeis serlo, ¿á qué habeis venido de tal modo engalanada, de tal modo hermosa, á mi aposento en medio de la noche, y cuando por las circunstancias en que me encuentro, estoy desesperado y dispuesto á todo?

—He venido, contestó sin alterarse Angiolina, porque sé que antes que todo sois caballero. He venido, porque han llegado á mis oidos, no sé qué rumores de traicion contra vos: porque soy vuestra amiga y quiero guardaros el sueño.