—¿Sabeis señora, que en el poco tiempo que llevo de reinar, me he acostumbrado á que nadie resista á mi voluntad?

—Habeis hecho muy mal en acostumbraros á eso, porque á cada paso encontrareis imposibles.

—Pues os juro que vos no sereis un imposible para mí.

—No jureis don Fernando, no jureis, porque os exponeis á jurar en vano.

—¿Os creis con fuerzas para resistirme?

En aquel momento sonó un tiro fuera.

—Yo os amo y soy vuestra, exclamó Angiolina arrojándose entre los brazos de Aben-Humeya, abrazándole y sujetándole.

—¡Oh! ¿qué es esto? exclamó Aben-Humeya.

—Esto es que cedo al fin á vuestro amor.

—¡Esos golpes, ese ruido de armas! exclamó Aben-Humeya luchando con Angiolina.