—¿Quién piensa ahora mas que en mi amor? exclamó con languidez la italiana.
—¡Ah! ¡miserable! exclamó Aben-Humeya: ¡tú estás vendida á los traidores!
Y haciendo un violento esfuerzo, logró desasirse de los brazos de Angiolina y puso mano á su puñal y le desnudó.
Pero Angiolina le tenia asido fuertemente del brazo izquierdo, se lo retorcia, y le tenia en una posicion violenta en que no podia volverse, para herirla Aben-Humeya.
Pero aquella lucha no podia ser larga, porque Angiolina era una mujer y sus fuerzas, por mas que se violentara, empezaban á faltarle.
Pero afortunadamente para ella, María de Rojas se precipitó en la habitacion, seguida de Aben-Aboo, de Harum el Geniz, de los tres capitanes turcos, de Farax-Aben-Farax, de Diego Alguacil, de Gironcillo de la Vega, y de una multitud de conjurados.
—¡Ah! teneis al miserable, al traidor, al asesino, exclamó María de Rojas, señalando á Aben-Humeya, que aun luchaba con Angiolina.
Aben-Aboo fue el primero que se arrojó sobre él; tras Aben-Aboo los otros, y Aben-Humeya fue desarmado.
La situacion era terrible, pero Aben-Humeya se puso á la altura de la situacion.
Miró tranquilamente en torno suyo, enteramente desvanecida la embriaguez, y dijo con acento sereno: