—Os ayudaré, os lo juro, dijo Harum; pero silencio: Aben-Aboo se acerca: salidle al encuentro y empezad á ser un demonio fascinador para él.
Angiolina salió sonriendo al encuentro de Aben-Aboo, y Harum triste, cabizbajo, preocupado, salió de Andarax, llegó á los primeros puestos de los monfíes y mandó tocar á recoger.
Cuando todos estuvieron reunidos los llevó á una rambla distante, y puesto en medio de ellos les dijo:
—Nuestra venganza por el noble emir que hemos perdido, se ha cumplido ya. Aben-Humeya ha muerto.
—¿Y Aben-Aboo? ¿y Aben-Aboo? gritaron acá y allá.
—Aben-Aboo no tardará mucho en caer tambien. Estoy satisfecho de vosotros, hermanos. Nada tenemos que hacer aquí: marchad á vuestros apostaderos y estad dispuestos á la primera señal.
Los monfíes se dividieron en grupos y Harum, con una banda de ellos se internó en la montaña.
CAPITULO XLVII.
Reseña de la continuacion de la guerra de las Alpujarras hasta su terminacion.
Puesto que ya hemos reseñado el principio de aquella guerra, nos parece oportuno para redondear nuestro libro, acabarla de dar á conocer, aunque sumariamente, á nuestros lectores.