En este lugar nos presenta la historia un diálogo notable que hemos de mostrar, aunque no sea mas que porque da á conocer de lleno, el carácter del marqués de los Velez.
Habiendo salido este á recibir á don Juan de Austria, el jóven príncipe abrazó al viejo soldado y le dijo:
—Marqués ilustre: vuestra fama con mucha razon os engrandece, y atribuyo á buena suerte, haberse ofrecido ocasion de conoceros. Estad cierto que mi autoridad no acortará la vuestra, pues quiero que os entretengais conmigo, y que seais obedecido de toda mi gente, haciéndolo yo mismo como hijo vuestro, acatando vuestro valor y canas, y amparándome en todas ocasiones en vuestros consejos.
A cuyas benévolas palabras contestó el marqués con las siguientes aunque mesuradas, extrañas:
—Yo soy el que mas ha deseado conocer de mi rey un tal hermano, y quien mas ganara de ser soldado de tan alto príncipe; mas si respondo á lo que siempre profesé, irme quiero á mi casa, pues no conviene á mi edad anciana haber de ser cabo de escuadra.
Por lo que se ve, en 1570 á cuyos principios sucedió esta conversacion, los nobles castellanos aun no habian perdido los humos de la edad media; aun se hombreaban con los reyes.
El marqués de los Velez lo hizo como lo dijo: dejó la guerra y se marchó mohino á su casa donde nadie podia disputarle la primacía.
Entre tanto y mientras el duque de Sesa acometiendo la empresa de las Alpujarras, marchaba sobre Orgiva, don Juan de Austria se encaminaba sobre Galera, resuelto ya definitivamente el sitio.
Empezaron las operaciones por la alcazaba alta: se la habia minado y al volar la mina cayó un lienzo de muralla con algunos moros que le defendian; alborotáronse algunos soldados y sin órden para ello, embistieron por entre el humo y el polvo, y fueron tan rudamente rechazados por los enemigos y tal la confusion y el desórden, que el mismo don Juan arremetió en persona y tan de veras, que recibió un balazo en el peto, que aunque no le causó daño, causó sí una gran impresion en cuantos de ello tuvieron noticia, especialmente en su ayo Luis de Quijada, que no se separaba un momento de su persona, que le amaba como un padre y que jamás olvidaba, ni aun cuando por don Juan ponia en peligro su vida, el encarecimiento con que le habia encomendado la guarda de su hijo el gran emperador don Carlos.
Con gran trabajo pudo don Juan recoger la gente, que no escarmentada por el mal suceso, pidió al otro dia que se la llevase al asalto; pero don Juan viendo lo dañoso que aquel asalto seria, mandó hacer dos minas mas y cuando estas volaron, empezó á jugar la artillería y se renovó el asalto, si bien con mas órden, no menos sangriento, y despues de horribles estragos se entró el castillo, y al fin fue tomada Galera.