Porque necesitan vengar la muerte de su emir.
Porque no habian muerto á Aben-Aboo, como habian muerto á Aben-Humeya.
Porque ignoraban donde tenia escondida á la sultana Amina, Aben-Aboo.
La guerra habia acabado, Aben-Aboo andaba fugitivo, y sin embargo, ni Angiolina Visconti, ni Harum, que acompañaba siempre á Aben-Aboo, habian logrado descubrir el paradero de la sultana.
CAPITULO XLVIII.
En que se sabe entre otras muchas cosas importantes, de qué muerte murió Aben-Aboo.
El castillo de Vérchul, era, que hoy no es, un punto importante, situado en medio de las Alpujarras. Rodeado de agrias cuestas, asentado como un nido de águila sobre una roca, sin mas acceso que un tortuoso sendero, abierto á pico en una peña, podia casi llamarse inespugnable.
A su pié ramblas profundas, montañas, colinas, formaban un verdadero laberinto, extremadamente selvático, y bravío, y á lo lejos, ya sobre una cresta, ya en la vertiente de un valle, se veia algun lugarejo, algun caserio, alguna choza. Al pié del castillo estaban sobre un barranco sumamente agreste unas profundas cuevas que se llamaban de los Vérchules, y donde, como en un último refugio, se habian concentrado los restos dispersos de los moriscos fugitivos y vencidos.
Allí, hambrienta, desnuda, miserable, aterrada, aquella multitud infeliz, viejos sin hijos, huérfanos sin padres, esposas sin esposo, cuantas miserias humanas pueden concebirse, se agrupaban cubiertas de harapos, estremecidas de miedo, con los ojos fijos siempre en las distantes avenidas temiendo ver asomar por ellas las banderas de los crueles y sanguinarios soldados del rey don Felipe el II.
Pero entre estas gentes no habia un solo monfí, á excepcion del wali de los walies Harum, que no se apartaba sino por breves espacios de Aben-Aboo.