Parecia que á los demás monfíes los habia tragado la tierra.

Fuese porque reposasen en el triunfo, fuese porque creyesen inútil una persecucion de gente miserable y desvandada, ni á los alrededores del castillo de Vérchul, ni en los lugares que desde su altura se divisaban, aparecia un solo cristiano.



—¡Esta es la justicia de Dios! exclamó Harum; ¡mueres coma has matado!

Pero tambien es cierto que estaba tan devastada aquella demarcacion, tan cortados los caminos que á ella conducian, por los soldados del rey de España, que los pobres moriscos acorralados en aquellas breñas no encontraban para sustentarse mas que raices de árboles, yerbas y reptiles.

De tiempo en tiempo Harum-el-Geniz solia aparecer entre aquellos desgraciados, como una providencia de Dios, con algunos mulos cargados de maiz, de trigo ó de legumbres, que aquellos infelices devoraban en pocos instantes.

Siempre que Harum llevaba uno de estos ineficaces consuelos, les decia: