—Los monfíes te han engañado, te han abandonado, te han hecho traicion; han permanecido escondidos en sus guaridas, han huido sin valor delante del cristiano: recuerda señor: recuerda, créeme y sálvate.

—Pero ¿por dónde han pasado tantos hombres sin que los cristianos los detengan?

—No lo sé: pero ellos son capaces de entrar en un lugar por el aire, si les falta la tierra: ó estan en inteligencia con los cristianos...

—Si eso es... solo la sangre fria, solo el valor puede salvarnos...

—Las minas...

—Si los monfíes vienen contra mí, habran tomado las salidas.

—Acaso no las conozcan, señor.

—Ellos conocen todos los escondrijos de las Alpujarras.

—Probemos al menos, señor.

—No; el huir no es la mejor prueba: es mejor presentar la frente serena y altiva al peligro... y luego yo no he sido jamás cobarde... prefiero morir como rey, á que me den caza como á un lobo, y me acorralen y me maten villanamente. Alí, mis mejores vestiduras, mi alfanje y mi escopeta... que se preparen mis escopeteros... y mira, añadió mientras Alí le vestia; aunque la puerta es fuerte, tú eres mas fuerte que ella; rómpela á hachazos; llévatela por las minas... la noche es oscura; véndala la boca para que no pueda gritar: eres astuto, ágil: procura burlar á los monfíes... si lo consigues, toma: y Aben-Aboo escribió apresuradamente una carta: en cualquier parte encontrarás amigos mios; enviala con uno de ellos á Harum-el-Geniz: vé, haz lo que te he dicho.