—Si, veo el resplandor de una luz.

—¿Y para qué crees que puedan estar velando en la cueva?

—Adelante, dijo Aben-Aboo.

Y siguieron hácia el barranco, pero apenas habian entrado en él cuando se escuchó una voz ronca que gritó:

—¿Quién va?

—El rey de Granada, contestó con voz serena Aben-Aboo.

—¡El rey de Granada! gritó la misma voz ronca, como avisando á otras gentes.

—¿Y quiénes sois vosotros? dijo Aben-Aboo sin detenerse.

—¡Los monfíes de las Alpujarras! dijo la voz de otro nombre que al frente de algunos adelantaba.

—¿Y quién eres tú que me hablas?