—Miradme, y escusadme de pronunciar mi nombre, dijo Angiolina.

—¡Ah! ¡la princesa! ¡la comedianta! exclamó Amina reconociéndola por la voz.

—¡La infeliz! dijo Angiolina con acento conmovido.

—¡La infeliz! repuso con sarcasmo Amina. ¿Qué buscais aquí?

—Os busco á vos... y soy muy feliz en encontraros.

—¡Que me buscais! ¿y para qué? dijo Amina.

—Para llevar con vos la vida á vuestro esposo.

—¿Pues qué? ¡mi esposo!

—Está enfermo y loco.

—¡Enfermo y loco! exclamó aterrada Amina.