—Una palabra no mas: despues de lo que haceis yo no puedo aborreceros: ¿aborrecereis vos á quien os tiende su mano?
—Perdonad, señora, pero nuestra situacion es enteramente distinta: ved que necesito mucho valor para hacer lo que hago y que ese valor me podria faltar. No hablemos ni una palabra mas acerca de ese asunto. Os lo suplico, os lo ruego. Pero seguidme, seguidme, porque los momentos son preciosos.
Y se dirigió decididamente á la puerta de aquella especie de mazmorra.
Amina la siguió en silencio.
Pero una vez fuera de aquel recinto, despues de haber recorrido la citada mina en que se encontraban, se perdieron en un laberinto de minas, enmarañado, oscuro, que al parecer no tenia salida.
Y pasaba el tiempo.
De repente se oyeron golpes terribles que retumbaban huecos en el subterráneo, y se repetian, cada vez mas fuertes, cada vez mas numerosos.
Era Alí que forzaba con una hacha la puerta de hierro de la escalera que conducia á las cuevas.
Angiolina lo comprendió.
—¡Ah! dijo, somos perdidas: Aben-Aboo ha vuelto en sí, aunque no puedo explicármelo, de su embriaguez; sin duda ha notado la falta de la llave y fuerza la puerta para perseguirnos; ya no suenan los golpes, lo que quiere decir que la puerta ha sido forzada, pero suenan pisadas sordas, ¡Oh! Dios mio, ¿y qué hacer?