—Sí, monfíes somos, la contestaron. ¿Y tú eres morisca?
—Sí. ¿Está con vosotros Harum-el-Geniz?
—Sí. ¿Es tu pariente?
—Sí. ¿Dónde está?
—En aquella loma, en la rambla.
Angiolina corrió, llegó y habló.
Ya lo hemos dicho.
Continuemos ahora el anterior capítulo que interrumpimos.
Corria el marqués á la ventura como sostenido por la mano de Dios; le seguian Angiolina, Harum y algunos monfíes: los otros flanqueaban la montaña.
—¡Guarda! ¡guarda! ¡allá va por Gebel-el-Rabah! ¡guarda! ¡á él! ¡á él! ¡á él!