En efecto, los monfíes delanteros habian descubierto á Alí, que al verlos, se volvió, se detuvo un momento, y lanzó una mirada terrible á los que le perseguian.

De repente el marqués de la Guardia torció un repecho, y Alí le vió, y tras él nuevas gentes cuando menos lo esperaba.

El marqués lanzó un grito de triunfo y desnudó su espada.

Pero apenas la habia desnudado, cuando lanzó otro grito horrible de dolor, y cayó en tierra.

Habia recibido en el pecho un ballestazo disparado por Alí, que asió inmediatamente á Amina, y se dió á correr por una rambla abajo en direccion á una roca tajada.

La intencion de Alí era manifiesta: no pudiendo salvarse, porque le perseguian por derecho y le flanqueaban, concibió el terrible proyecto de arrojarse con Amina, antes que entregarla, por aquella cortadura.

Al ver caer al marqués, al adivinar la terrible resolucion de Alí, Harum se cubrió de un sudor frio, y arrancando á uno de los monfíes que llevaba al lado su ballesta armada, exclamó deteniéndose:

—Es aventurado: es terrible: pero es preciso.

Y encarándose la ballesta, apuntó con lentitud y disparó.

El venablo partió silbando, y fué á clavarse en el cráneo de Alí, que rodó por tierra con Amina.