Amina estaba desmayada. Harum, que ignoraba si el marqués habia sido herido de muerte ó no cuando se alejaron, volvió al sitio donde estaba el marqués.

Angiolina le miraba sentada en el suelo, con las manos cruzadas sobre sus rodillas, y de tiempo en tiempo soltaba una carcajada.

¡Se habia vuelto loca!

Harum la hizo apartar de allí, recogió al marqués que solo estaba herido levemente, y se alejó con sus monfíes, dejando abandonado á Alí, que habia muerto mártir de su fidelidad á su señor.

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Tres dias despues, repicaban todas las campanas de Granada.

Este repique general era en albricias de que se habia acabado la guerra de las Alpujarras.

La prueba de que la guerra se habia acabado, adelantaba por el camino de Armilla, cerca ya del puente de Genil, en direccion á la puerta del Rastro.

Veamos en qué consistia esta prueba.

Gran multitud de gentes estaban á los lados del camino; hasta en los árboles habia espectadores; detrás de una inmensa muchedumbre de gentes de todas clases, edades y sexos, que servian, por decirlo asi, de flanqueadores, venia Leonardo de Rotulo, alcaide del presidio de Cádiar, con su medio arnés de ginete, su banda de capitan, y caballero en su rocin. A la izquierda del alcaide iba Francisco de Barredo, vestido á la castellana, con una gorra de belludo, una loba de camelote y unas calzas de grana atacadas y botas altas, á caballo tambien y sin armas: á la derecha, igualmente caballero en un magnífico caballo andaluz, rodado con arneses de guerra, iba Harum-el-Geniz, con el ostentoso traje de walí de los walíes de los monfíes, y llevando en las manos el alfange y la escopeta de Aben-Aboo.