—Y es inútil pretender que no vaya á la montaña: siempre inventa un medio ingenioso para escaparse.

—¡Oh! si: pluguiera al Altísimo que no hubiera tenido tanto ingenio, replicó Harum.

—Y es preciso llevar para encontrarla la ventora por que unas veces va al castillo de Vérchul, otras á la cueva, otras á Gebel-Rabah... pero esta noche, segun el camino que lleva la ventora, ha ido á la sepultura.

—¿A qué sepultura?

—A la sepultura de su amante.

—¡Ah!

—Si; hay un lugar al pié de Gebel-Rabah, donde ha puesto una cruz formada con ramas de pino, donde pretende que duerme su enamorado, cuya sombra se levanta cuando ella llega.

—¡Dios la ha castigado en justicia!

—Ha sido demasiado castigo, Harum. Pero vamos llegando; mucho será que no la encontremos...

—¡Muerta!