—Soy Harum-el-Geniz.

—¡Ah! ¡Dios mio! si es cierto, ¡este lugar! aquí le ví caer herido: mi sacrificio fue inútil... ¿cuándo sucedió eso...? ¿cuándo...? no me acuerdo: me parece que acaba de suceder.

—Vuestro sacrificio no ha sido inútil, señora, porque el marqués vive.

—¡Pero no vivirá muriendo como yo! ¿no es verdad?

—El marqués es muy feliz, dijo el rencoroso Harum, que no podia olvidar los crímenes á que su amor habia llevado á Angiolina.

—¡Feliz, muy feliz! exclamó ¡con ansia de amor ella!

—¡Oh! ¡si!

—¿Y ha recobrado la salud?

—¡Oh! ¡si!

—¡Gracias, Dios mio! ¡gracias! exclamó Angiolina: ¡tú no has querido que muera desesperada!