Miguel Lopez, el reciencasado, estaba allí tambien:
Era un hombre como de cuarenta años, moreno oscuro, cegijunto, estrecho de frente, sesgado de boca y avieso de mirada: estaba ricamente vestido, pero á pesar de la riqueza de su trage se notaba lo villano de sus maneras: estaba sombriamente ceñudo y miraba con recelo en torno suyo; don Diego se acercó á él sonriendo, pero, á pesar de su sonrisa, densamente pálido.
—Hermano, dijo asiéndole las manos con cariño; tengo que hablaros, y vosotros, señores dispensad; pero la repentina indisposicion de mi esposa, de que antes os he hablado y que me ha impedido asistir á la celebracion del casamiento, es mas grave de lo que yo creia y me obliga á suspender por el momento la fiesta de bodas.
Todos callaron, pero todos se pusieron de pié: habian comprendido que cortesmente se les despedia: uno tras otro, despues de algunas palabras vacías de sentido fueron despidiéndose.
Por último, el marqués de la Guardia se dirigió á don Diego.
—¡Diablo! dijo: siento en el alma la indisposicion de doña Elvira, pero de todos modos deseo que ello no sea nada y que pueda acompañarnos al bateo de mi hijo ó de mi hija cuando nazca... que debe ser segun los doctores, este mes: por lo demás si me necesitais para algun empeño, añadió en voz baja indicando con una rápida é intencionada mirada á Miguel Lopez, mirada que solo fue vista por don Diego, podeis contar con lo que puedo y con lo que valgo. Ya sabeis que somos antiguos amigos.
—Adios, marqués, adios, contestó don Diego estrechándole la mano: aprecio vuestra oferta, pero por ahora no os necesito sino para serviros.
El marqués despues de un expresivo apreton de manos á don Diego, de un galante saludo á doña Isabel, que le contestó maquinalmente, y de un frio y altivo saludo á Miguel Lopez, que casi no le contestó, salió de la cámara en la que quedaron solos don Diego, doña Isabel, su hermano don Fernando, que se paseaba pensativo, y Miguel Lopez que miraba alternativamente á doña Isabel y á don Diego, con la impaciencia de un lobo hambriento.
—¿Me querreis explicar lo que ha pasado esta mañana, don Diego? exclamó Miguel Lopez volviéndose todo hosco á su cuñado apenas quedaron solos.
—Eso significa, que no habiendo yo podido asistir á la ceremonia, envié á Ayala á avisaros que se efectuase sin mí.