—¿Y cual ha sido la causa de que no hayais podido asistir? replicó con un grosero acento de recelo Miguel Lopez: porque yo no creo en el mal de doña Elvira: creo mas bien en cierto mancebo, con quien segun me han dicho, os encontrásteis á la puerta de la casa.
—Veo que Ayala os ha dicho mas que lo que yo le habia mandado que os dijese. Pues bien ese mancebo...
—Ese mancebo es...
Don Diego interrumpió á tiempo á Miguel Lopez y acercándose á él le dijo rápidamente al oido.
—Ese mancebo es el emir de los monfíes de las Alpujarras.
—¡El emir de los monfíes de las Alpujarras! exclamó Miguel Lopez, sin cuidarse de recatar su acento.
—¡Una rebeldía contra el rey! exclamó toda trémula doña Isabel, que lo habia oido.
—¿Veis Miguel, veis lo que es obligar á los hombres á que digan ciertas cosas delante de las mujeres?
—Es que yo creo que se me engaña.
—Dejemos palabras duras que no deben sonar entre nosotros: amabais á mi hermana, mi hermana es vuestra, y no solo vuestra sino que...