—¿Conoces tú al capitan Alvaro de Sedeño?, dijo despues de algunos momentos de meditacion Calpuc. Paréceme haberte visto alguna vez á su lado... cuando yo espiaba á ese capitan.

—¿Que espiabas tú á ese capitan? dijo con extrañeza Miguel Lopez.

—Sí.

—¡Ah! ¡ah! ¿conoces á ese hombre?

—Sí, le conozco... desde hace muchos años, dijo sombríamente Calpuc.

—Yo le conozco tambien, pero desde hace poco tiempo.

—¿Y cuál ha sido la causa de que le conocieras?

—Mis continuos viajes á las Alpujarras, donde tengo alguna hacienda y algunos parientes, dijo con reserva Miguel Lopez. En los pueblos pequeños se conoce fácilmente á las personas. El año pasado Alvaro de Sedeño era capitan del presidio de Andarax.

—¿Y en qué consiste que le conoce tambien el emir de los monfíes y es muy su amigo?

—¡Ah! ¡le conoce el emir de los monfíes! ¡es su amigo!