—¿Y qué te importa esa carta? exclamó con cuidado Miguel Lopez.
—Tanto me importa que sino me procuras los medios para que esa carta caiga en mis manos eres hombre muerto.
—Pero esa carta es mi defensa: por ella he logrado que don Diego me dé su hermana; por ella pienso alcanzarlo todo.
—¿Y qué mas quieres alcanzar que la vida?
—¡Eres un demonio! exclamó con despecho Miguel.
—Demonio contra demonio, el mas fuerte vence.
—¿Y qué uso vas tú ha hacer de esa carta?
—Te repito que nada te importan mis proyectos. Voy á traerte papel, pluma y tinta. Escribe una carta para la persona que sin duda tiene depositada por tí la carta de don Diego de Válor, en la que le prevendrás que me la entregue, y otra despues para tu esposa doña Isabel de Válor.
Dicho esto Calpuc abrió el arcon, sacó del recado de escribir, le llevó al lecho y dijo á Miguel Lopez:
—Incorpórate y escribe.