—Creese que sea cosa de don Diego de Válor.
—¡Infame! murmuró Yaye: pero... me han dicho que ha muerto á manos de unos monfíes.
—Es verdad: segun me ha dicho Dalhy que ha ido dos ó tres veces á la montaña durante este mes, don Diego sobornó á Reduan, que vivia como ventero junto á Orgiba y á otros seis: vuestro poderoso y justiciero padre, señor, mandó ahorcar al dia siguiente á Reduan, y á los otros seis, en la encina muerta de la Rambla de los Gamos.
—¿De modo que en esta muerte nada ha tenido que ver la justicia de mi padre?
—Ha sido un asesinato y nada mas.
—¿Y qué se han hecho don Diego y don Fernando de Válor?
—Los tiene presos vuestro padre hasta que vos parezcais.
—¿Y mi buen ayo Ab-del-Gewar?
—Está inconsolable por vuestra pérdida y nos hace revolver la tierra á mí y á los veinte monfíes que tengo á mis órdenes.
—Pues hasta que yo te lo mande, es necesario que á nadie digais que he parecido.