—Pues bien; revélame el lugar donde se encuentra, y los medios de salvarle, y te permito que hagas lo que puedas contra Calpuc.

—¿Hasta matarle?

—Te dejo libre del juramento de respetar su vida.

—Pues bien; solo me falta una condicion para señalarte el lugar donde tu hijo se encuentra.

—¡Otra condicion!

—Sí, poderoso Yuzuf, las duras circunstancias en que me encuentro me han obligado á ofenderte. Prométeme, por tu fe de emir, de creyente y de caballero, que me perdonarás, y que no me negarás tu confianza, como no me la has negado hasta ahora. Hé aquí mi última condicion.

—Dáme á mi hijo, y te lo prometo todo.

—¿Nada tendré que temer de tí?

—Nada.

—Pues bien; tu hijo Yaye, está encerrado en un subterráneo de la casa de don Diego de Válor, y en poder de su esposa doña Elvira, que hace mucho tiempo que le ama.