Yaye lanzó toda su vida á sus oidos.

—Esas dos mujeres son la esposa y la hija de un hombre, que, como yo, lucha contra los españoles: ese hombre, rey como yo, de un pueblo valiente, es nuestro aliado natural: ademas, á ese hombre debemos mucho, y tú podrás deberle mas: es riquísimo; tiene tesoros inmensos.

Yaye escuchaba con suma atencion á su padre.

—Ademas, Yaye, continuó Yuzuf; tu proyectado enlace con doña Isabel de Válor, es ya imposible, porque doña Isabel está casada.

—Pero dícese que ha muerto Miguel Lopez.

—No, Miguel Lopez vive: vive en un lugar donde te conducirá cualquiera de nuestros walíes, solo conque le digas que quieres ir á la morada del cazador de la montaña.

—¿Y quién es ese cazador?

—Ese cazador es Calpuc, el rey del desierto de Méjico.

—¡Ah! ¿y ese es el padre de Estrella?

—¿Conoces tú á la hija de Calpuc?