El alcalde se dirigió á Estrella.

—¿Reconoceis por vuestro abuelo al señor duque de la Jarilla? dijo.

—Soy nieta del duque de la Jarilla, contestó Estrella, sin dejar de atender con una tierna solicitud al anciano.

—¿Sois casada? repuso el alcalde.

—No, señor; soy enteramente libre.

—¿Estais, pues, dispuesta á trasladaros á la casa de vuestro abuelo?

—Sí señor.

—¿Habeis estado por vuestra voluntad en esta casa?

—Sí señor; y solo tengo motivos de agradecimiento para con el honrado Pedro el Xeniz, y para con su señor. Ellos fueron los que me salvaron del infame Alvaro de Sedeño; ellos los que procuraron á mi madre una muerte tranquila.

—¿Conque vos no sois el dueño de esta casa? añadió el alcalde dirigiéndose á Harum.