—¡Si! ¡no me amas!
—¡Que no te amo! exclamó afectando la mayor sorpresa el marqués, ¿pues por quién estoy loco?
—Voy á decírtelo: por esa mujer á quien llaman en la córte, no sé por qué, la hermosa duquesita.
—¡Bah! y ¿puedes tú tener zelos de doña Esperanza? ¿tu la mujer mas hermosa del mundo?
—Zelos, si, zelos terribles, porque se vengaran. ¡Herirme en el corazon, abandonarme, y todo por una especie de aventurera!
—La pasion te ciega: quieres mal, no sé por qué, á la duquesa de la Jarilla, y la prueba está en que la niegas lo que nadie la ha negado: lo ilustre de su cuna.
—Si, ciertamente: es hija de una esclava y de un bandido.
—¡Ah! ¡perdona, Angiolina! ¡nada de eso sabia yo!
—Puedo contarte su historia: su madre doña Estrella de Cárdenas era conocida en Granada con el nombre de la hermosa indiana, y gozaba allí de la fama que, por extravagancia, ha obtenido en la córte su hija: doña Estrella era morena, con ese horrible color moreno dorado de las Indias, que las hace semejantes á una naranja con forma humana.
—¡Ah! ¿crees que la duquesita es hija de una india?