—¿No he venido todas las noches á esa calleja?

—¡Esperando sin duda, dijo con sarcasmo Amina, que yo, arrastrada por mi amor, te llamase!

—¡Oh, y cuán cruel eres, Esperanza!

—Y al fin te he llamado; y al fin estás en mi aposento, solo conmigo, en medio de la noche.

—¡Oh! ¡Esperanza!

—Pero ya sabes para qué y por qué te he llamado: ahora don Juan es necesario que nos separemos.

—¡Con que es decir que me has llamado para que sepa que el príncipe va á ser tu esposo!

—Si mi padre lo exige, lo será.

—¡Es decir que no me amas!

—Nunca debimos unirnos, don Juan.