—¿Has reconocido, pues, á ese hombre?
—Si.
—Has sido imprudente, Bempo; ya sabes que no quiero que te expongas.
—Es tarde: la calleja apartada y solitaria; no habia peligro.
—¿Y dices que ese hombre no ha muerto?
—No; pero puede morir.
—¿Le has conocido?
—Es la noche muy oscura.
—¿Qué hizo despues el marqués?
—Se dirigió furioso al postigo de la casa de la duquesa; pero antes de llegar á él, la misma duquesa apareció en uno de los balcones y le habló.