—Mucho sabes.

—Oimos hablar mucho de galanteos y aventuras á nuestros cabos y alféreces cuando damos la guardia al rey.

—Sea como quiera: aquí de lo que se trata es de recoger un herido, y de esperar á que salga de cierta casa donde ha entrado el marqués de la Guardia y apoderarnos de él.

—Dicen que el marqués es muy valiente.

—Pero la noche es oscura: se le deja pasar y se le acomete y se le sujeta por la espalda.

Quedó de nuevo profundamente pensativo Pablo.

—Asunto concluido dijo: ¿esta es la señal?

—Ese oro es la paga.

—Poca paga es, pero no importa; voy á despertar á tres de los amigos y al momento estamos listos.

—Ya sabia yo que nos entenderiamos.