—En marcha.

Cargaron aquellos dos hombres con la silla, y precedidos por Bempo, y dando una buena idea de sus fuerzas en la velocidad con que conducian al herido, llegaron en poco tiempo al postigo de la casa de la princesa, que se abrió al primer llamamiento de Bempo, y silla y hombres se perdieron tras el postigo que volvió á cerrarse.

Media hora despues, Bempo y los dos hombres llevando de nuevo consigo la silla de manos salieron por el postigo y se encaminaron al soportal donde habian quedado los otros dos hombres en acecho de la casa de Yaye.

Bempo llamó á Pablo.

—Ha ido en seguimiento de un hombre que ha salido por ese postigo, dijo lacónicamente una voz contenida desde lo oscuro.

—¿Hace mucho tiempo que ese hombre ha salido? preguntó Bempo.

—A poco de haberos vosotros alejado.

—¿Y no ha acontecido ninguna otra novedad en esa casa?

—Ninguna, á excepcion de que, cuando nos pusimos en acecho todos los balcones estaban oscuros, y desde poco despues de haber salido el hombre á quien ha acompañado Pablo, ha aparecido la luz que se ve reflejar tras las celosías de ese mirador.

En efecto, se veia el reflejo de una luz tras los miradores de Amina.