—De ningun modo, desperté á mi esposa.
—Y vuestra esposa...
—Se arrojó en mis brazos como de costumbre, delirante de alegría y me colmó de caricias. Mi esposa me ama con toda su alma, pero es demasiado caritativa, y esta era la causa de la singularidad, que al principio no comprendí, pero que despues me fue explicada de la manera mas natural. Mi esposa habia encontrado á aquel hombre, al célebre comediante Andrés Cisneros, en una palabra, herido gravemente en una calle á que da vuestra casa, y le habia recogido. Esto es todo. Como despues se ha buscado en mi casa á ese Andrea Bempo, á quien no conozco; como el señor Andrés Cisneros ha sido herido cerca de vuestra casa; como estos dos sucesos podian tener relacion entre sí, me presento á vos, para serviros á fuer de hidalgo en lo que hubiereis menester.
Yaye cruzó una pierna sobre la otra, se echó atrás sobre el respaldo del sillon, y apoyando en sus brazos los codos y cruzando las manos dijo al príncipe con una sonrisa fria:
Habia en Yaye una decidida intencion de provocar al príncipe.
—¡Bah! dijo este. Estoy seguro, enteramente seguro de que no.
—Os ha engañado al casarse con vos.
—¡Bah! os afirmo que el engañado sois vos.
—Os entregó una mano deshonrada por la desgracia y por la miseria, es verdad, pero al fin deshonrada.