—¿Que concurris á donde concurro?
—Es verdad.
—Sin embargo, yo no conozco vuestra voz.
—Mi voz se desfigura al pasar por el hueco de mi antifaz de hierro.
—Aclaradme.....
—Ni una palabra mas; adios.
—Esperad.
—Adios.
—¡Por san Paolo mi patron, que yo os haré esperar y daros á conocer! dijo Visconti desnudando su espada y acometiendo rápidamente á Laurenti.
Este se hizo atrás de un salto, y lanzó un fuerte silbido.