—¿Y como, como, dijo el príncipe con una curiosidad creciente; como fue á parar Angiolina al convento donde yo la conocí en Nápoles?
—Se ignora tambien, porque á nadie lo ha dicho tampoco Laurenti. Pero lo que se sabe de seguro, es, que al fin, por una traicion de uno de los bandidos de Laurenti, fue descubierta su guarida, exterminada su cuadrilla de malhechores y el....
—¿Y el?...
—Hay quien cree que acaso quedó entre los cadáveres de los bandidos que murieron defendiéndose, porque no se le oyó nombrar mas en las inmediaciones de Roma.
—Pues habeis burlado mis esperanzas, duque, en cuanto á la historia del bandido. Debia ser curiosa.
—Pues voy á contárosla en dos palabras: el bandido está ciegamente enamorado de Angiolina que no le conoce: el bandido sigue á Angiolina por todas partes bajo el nombre de Andrea Bempo: Andrea Bempo no es otro, pues, que Laurenti, nombre fecundo en disfraces, y que sabe variar de rostro como de vestido y de edad como de lenguaje: que unas veces se llama Bempo, otras don Diego de Zayas, y pasa por caballero español, como en Roma bajo el nombre de caballero romano pasaba por Marco Antonelli: Laurenti, en fin, esposo enamorado de Angiolina, esposo despreciado por Angiolina, que se llama el príncipe Lonrenzini Maffei.
Mudáronse instantáneamente al oir estas palabras, la mirada, la actitud y la expresion del príncipe; irguióse, centellearon sus ojos, temblaron de cólera sus lábios y se puso de pié buscando un objeto entre su justillo de terciopelo.
El duque no se movió de su sillon.
El príncipe, ó Laurenti, ó Bempo, aquel singular personaje, en fin, sea que le dominara la imperturbabilidad de Yaye sea que fuese demasiado valiente para cometer un asesinato, sea por otra causa cualquiera, retiró la mano de su jubon entreabierto, y se sentó de nuevo.
—¿Con que lo sabes todo? exclamó con acento convulso por la cólera: con que sabes, que esa mujer á quien elegí en mal hora para instrumento de mi venganza, me esclaviza, se burla de mí, me trata como un perro cuando me cree Bempo, y me deshonra creyéndome el príncipe Lorenzini Maffei! ¡Oh! no importa: yo sé tambien que tú, bandido como yo, emir de los Monfíes de las Alpujarras estás herido en el corazon, deshonrado en tu hija, como yo estoy herido en el corazon, deshonrado en mi esposa, por un mismo hombre, por el marqués de la Guardia. ¡Oh! secreto por secreto monfí; y puesto que necesitamos vengarnos....