Aquellos dos carteles fueron entregados al rey que despachaba á la sazon con el cardenal Espinosa.

Felipe II leyó letra por letra los dos escritos, meditó algun tanto sobre ellos, y luego dijo posando una mirada glacial en el cardenal secretario:

—Que se averigue á todo trance quién ha puesto estos carteles en palacio, y averiguado y probado que sea, que le ahorquen secretamente sin distincion de clase ni persona.

El cardenal dió las órdenes oportunas, y á poco volvió trayendo un pliego en las manos.

—¿Qué es eso? preguntó el rey.

—Se ha encontrado este pliego en una de las habitaciones bajas del alcázar, donde han debido arrojarle por una reja, con sobre á vuestra magestad.

Tomó el rey el pliego.

Sobre su nema se leia en letra exactamente igual á la que habia esclarecido de una manera tan infame la carta de Amina al marqués:

«Al católico y justiciero rey de las Españas.»

El pliego era voluminoso.