Bempo.

—Se le conoce muy poco ó nada, señor marqués; mi esposo es un hombre extraordinario. Yo apenas le conozco; hace seis años que nos casamos y despues de la ceremonia solo permaneció un dia á mi lado; despues me envió á España; sucesivamente ha venido á visitarme dos veces al año, y eso por un solo dia; emplea el tiempo en viajar y en escribirme con suma frecuencia cartas amorosas; eso lo sabe todo el mundo en Madrid; se sabe tanto, que me llaman de pública voz la casada doncella..... y ¿qué ha hecho, ó qué dicen ha hecho el príncipe para que el rey quiera prenderle?

—Se le acusa de haber dado muerte al duque viudo de la Jarilla.

—¡De haber dado muerte al duque de la Jarilla! exclamó palideciendo profundamente Angiolina, y dejando su acento y su aspecto ligero y galante; pero eso es imposible, don Luis; imposible de todo punto; puedo probar que mi esposo está ahora mismo en Venecia, á no ser que haya venido corriendo postas como esta carta. Deben haberse equivocado; alguien debe haber tomado el nombre de mi esposo para cometer ese asesinato.

—¿Es el príncipe un caballero como de cincuenta años?

—Sí.

—¿Un tanto encorbado?