—Os creo señora, os creo, dijo el marqués guardando de nuevo el papel que le devolvió Angiolina: vuestras palabras rebosan ingenuidad, pero me veo en el doloroso compromiso...



Felipe II.

—¡De prenderme...! exclamó trémula y conmovida la princesa.

—¡Oh! ¿quien piensa en eso? dijo el marqués: ¿quien podrá haceros cargo de un delito que no habeis cometido? solo he querido decir al hablar de compromiso, que no puedo escusarme de registrar vuestra casa, para asegurarme y asegurar al rey con testimonio de escribano que no se encuentra en ella el príncipe.

—¡Ah! eso es distinto: podeis registrar cuanto gusteis, don Luis, pero antes de que registreis tengo que haceros una advertencia.

—Advertidme cuanto gusteis.