—Ya os dije que me engañé... y ahora os digo que estoy segura de no engañarme respecto á vos. Me amais y os amo. Os amo porque sois grande, porque teneis un alma sublime, porque antes de hablarme á solas, habeis hablado á mi alma delante de todo el mundo, la habeis hecho estremecerse, comprimirse, espaciarse, alegrarse, entristecerse: yo he corrido ansiosa á admiraros, siempre que os habeis dejado admirar del vulgo, y despues, cuando os he tratado de cerca, he visto que sois sublime, grande como comediante, porque como hombre sois grande y sublime. Os amo, Cisneros, con toda mi alma, hasta el punto de despreciarlo todo por vos.
Cisneros estaba trastornado, doblegado, bajo el peso de tanta felicidad, sufriendo no un dolor, sino un placer: hubo un momento en que, avaro de mas placer, quiso llevar su felicidad basta el último punto, pero Angiolina le adivinó y le dijo:
—Respetad en mí las costumbres de una mujer honrada: seré vuestra, os lo juro, pero no lo seré sino completamente.
—¿Que quereis decir?
—Quiero decir que no seré vuestra sino fuera de la casa de mi esposo; fuera de la córte, cuando ya no hayamos de separarnos jamás.
—¡Cómo! ¿y abandonais por mí...?
—Lo abandono todo.
—Pero si os venis conmigo...
—Dirán lo que quieran, pero no haré ese doble y vergonzoso papel que hacen tantas mujeres sonriendo á un tiempo á dos hombres, partiendo con dos lo que solo debe ser de uno: seré adúltera..... en buen hora..... seré adúltera porque os he conocido tarde: pero no mentiré.., una mujer puede deshonrarse, pero en la deshonra, como en todo, hay dignidad ó bajeza: yo no seré jamás baja ni cobarde: yo no engañaré nunca á dos hombres á un tiempo.
—Pero meditad...