—¿Es que no quereis partir vuestra vida con la mia? ¿vuestro peligro con el mio?

—¡Oh! si, si... pero yo no puedo daros lo que dejais... una posicion envidiable...

—¿Quien os pide mas que amor?

—¡Oh, Dios mio!

—Oid: ahora vais á salir de esta casa: no volvais á ella: pero estad todas las noches en la vuestra despues de media noche. Cuando menos lo espereis yo iré á llamar á vuestra puerta vestida de viaje... yo iré á arrojarme en vuestros brazos y á partir despues.

—¡Ah, señora! aseguradme que no sueño, que estoy despierto: que sois vos la que eso me decis...

—Si, si, soy vuestra, enteramente vuestra... pero fuera de la córte, donde nadie nos conozca. Adios.

Angiolina se levantó, atravesó ligera y gentil la cámara y antes de atravesar la puerta volvió el rostro á Cisneros y le sonrió.

—¡Ah! ¡ah! exclamó Cisneros: es hermosa, hermosísima, divina: pero se ha vuelto loca... ¡dejar la altura en que se encuentra colocada..! ¡obligarme á mí, á Cisneros, á dejar la córte! ¡oh! ¡esto es imposible! ¡imposible! pues bien: procuraremos que esta mujer sea racionalmente nuestra querida ó de lo contrario abandonemos la empresa: bien sé que la posesion de esa mujer aumentará mi renombre.... ¡pero el príncipe don Carlos! ¡mis proyectos! ¡proyectos que un dia deben hacerme grande..! ¡bah! ¡bah! es necesario que nos dominemos y que pueda mas la cabeza que el corazon.

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