—¡Por Mahoma! ¿y quién te pide dinero, clérigo? exclamó el embozado.

Aquel por Mahoma, fue un rayo de luz, ó por mejor decir, un relámpago que iluminó el turbado pensamiento de Medrano. Aquel hombre era mucho mas temible que un ladron vulgar, porque aquel hombre era, sin duda, un monfí.

—¿Qué me quereis? dijo Medrano haciendo un esfuerzo para hablar.

—Muy poca cosa, amigo mio, contestó el embozado; quiero que me sigas.

—¡Qué os siga! ¿y á dónde?

—Cerca de aquí.

—¿Pero qué quereis hacer de mi?

—Lo que tú haces con todos, todos los dias y á todas horas: interrogarte, y si no contestas sujetarte al tormento.

—Ved que lo que pretendeis hacer os pudiera pesar.

—Lo que te interesa sobre todo es salvar tu vida obedeciéndome: no siempre has de mandar tú: con que agarrate á mi brazo y sígueme.