—En que no puedes matarme.
—¿Te proteje el diablo? dijo con un acerado acento de sarcasmo el rey.
—Tal vez: tal vez me proteja Satanás: por lo pronto las señales de mi odio están ya en tu familia:
—¡En mi familia!
—El príncipe don Carlos tu hijo, tu heredero, te hace traicion.
—¡La prueba!
—No tardará el mismo príncipe en dártela.
Estremecióse profundamente el rey.
—¿Y has sido, tú, tú monfí, quien has impulsado á la rebeldía á mi hijo?
—Ha sido primero Satanás, que le ha dado perversas inclinaciones, y luego yo, que soy tu enemigo, que necesito vencerte, y vengar con tu desgracia, con una horrible desgracia, las infamias, las crueldades que has cometido contra los mios.