No habia pasado media hora cuando Yaye, que habia quedado profundamente pensativo y preocupado por su anterior escena con el rey, sintió pasos que se detuvieron junto á su calabozo, y luego el ruido en los cerrojos y de los candados.
La Dama blanca.
La puerta se abrió.
Entró en el calabozo el alcaide acompañado de dos familiares.
—Levantáos y vestíos, don Juan, le dijo con acento duro el alcaide.
Estremecióse Yaye porque creyó que habia llegado la hora del tormento.