—¿Vais bien, señor, preguntó?
—¡Ah! ¿eres tú Harum? dijo Yaye.
—Si, si señor, y espero vuestras órdenes.
—¿Has enviado á alguien á mi casa á que recoja mis papeles?
—Si señor, y ya no debe tardar.
—¿Lo tienes preparado todo?
—Si señor, y desafío á los familiares y alguaciles de la Inquisicion á quienes tan á poca costa hemos burlado, á que nos encuentren.
—Pues adelante, Harum, adelante.
La litera se puso de nuevo en marcha, y tomando una senda, aquellas gentes condujeron al emir á buen paso á una casa de campo en las inmediaciones de Fuencarral.
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