Poco despues Harum entró en un aposento donde, en un magnífico lecho, reposaba Yaye.

—Señor, dijo: Malek ha penetrado en vuestro palacio de Madrid sin ser sentido de nadie: ha ido á la cámara que indicásteis á Suleiman, y ha encontrado descerrajada la papelera.

—¡Descerrajada!

—Si por cierto, y roto el sello que habia puesto sobre ella la justicia.

—Pero veo que traes en tus manos la cartera que yo habia pedido.

—Si señor.

—Dáme acá y acerca una bugia.

Harum dió á Yaye una cartera que tenia en la mano y acercó una luz.

Yaye abrió la cartera y buscó en ella con ansia.

—¿Tienes confianza en Malek? dijo Yaye que estaba pálido.