—Si, si señor, ademas Malek no sabe leer.
—Aquí faltan dos papeles importantísimos; Harum, dos papeles que yo debí haber quemado; dos cartas terribles.
—Ya os he dicho, señor, que Malek encontró rotos la cerradura y el sello de la papelera, como asimismo los de las puertas de la cámara.
—¡Cúmplase la voluntad de Dios! dijo Yaye pálido de espanto.
Las dos cartas que faltaban, eran la de doña Elvira de Céspedes y la de doña Isabel de Válor, en que le avisaba la una del nacimiento de Diego Lopez; la otra del de don Fernando de Válor.
El emir hubiera dado diez años de su vida por recobrar aquellas cartas.
Su pérdida encerraba para él una amenaza oscura, y en vano queria adivinar quién fuese el que se habia atrevido á entrar en una casa sellada por la justicia, en busca de aquellos papeles.
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En aquel mismo punto, el rey recibia una carta escrita con mano trémula por el inquisidor general don Fernando Valdés.
Ni un solo músculo de su semblante se contrajo, aunque en aquella carta el inquisidor general le avisaba de la violencia que se habia hecho con él, y de haberse escapado el emir de los monfíes de la cárcel del Santo Oficio.