El rey tomó una pluma y escribió por bajo estas lacónicas palabras:
«Vuestra cobardía no tiene ya remedio; procurad, pues, que nadie sepa que la Inquisicion y el rey han sido burlados. ¡Que se cumpla la voluntad de Dios!»
Durante algunos dias los familiares y los alguaciles del Santo Oficio, revolvieron hasta las piedras en Madrid y en sus alrededores.
A pesar de esto el emir no pareció ni mas ni menos que una gota de agua que cae en el mar.
TERCERA PARTE.
LA REBELION.
CAPITULO PRIMERO.
El castillo y la atalaya.
No á mucha distancia una de otra en ese laberinto montañoso que se llama las Alpujarras, hay dos cumbres que se atalayan, y que descubren otras muchas y son descubiertas por ellas, incluyendo la cima de Sierra Nevada, y su gigantesco anfiteatro de montañas.
Una de estas dos cumbres que hemos citado domina al pueblo de Válor, la otra al de Cádiar.
En ambas cumbres se conservan vestigios de cimientos: llaman los de Válor á los unos castillo, los de Cádiar á los otros atalaya.