—Dos dias.

—Y nada mas te ha dicho el magnífico emir al enviarte á mí.

—Si me ha dicho: busca al Julaní que vive encubierto en la mezquita de Al-Morabethin[17] y á quien los cristianos llaman el hermano Pablo; desde la mezquita hasta la casa de su hermano el Hardon en el Albaicin hay una larga mina, cuya entrada por la mezquita sabe él solo: no es prudente que tú, hombre de Dios, andes á la luz del dia por Granada, ni te aposentes en las posadas públicas; en la ciudad hay gente que te conoce y que sabe que andas oculto desde el levantamiento de las Guajaras. Toma este escrito: mediante él, el Julaní te abrirá la puerta de la mina, y por bajo de Granada, llegarás á casa del Hardon. Esto me dijo el emir al darme el escrito que te he entregado.

—Tú eres el faqui, dijo aun con recelo, pero mas tranquilo el Julaní, que hace algunos años dijiste que las estrellas te habian revelado el nombre del escogido por Dios para ser rey de Granada.

—Sí es verdad, yo soy Abul-Hhassam el faqui.

—¿Y quién debe ser rey de Granada? dijo con sarcasmo el Julaní.

—Hubo un tiempo en que yo creí leer de una manera clara su nombre en el eterno libro del firmamento.

—¿Y era ese nombre el de Aben-Aboo, el hijo de doña Isabel de Córdoba y de Válor?

—Si, ese era el nombre que creí leer; pero despues las estrellas me han dicho: «espera solo un momento antes de que el pueblo de Granada se levante armado contra sus opresores y podrás saber ese nombre.»

—¿De modo que?...