—Si, yo soy; ¿pero qué sucede?
—¡Suceder! ¿quién sabe? pero me parece que llega la hora.
—Lo mismo me parece á mí.
—¿Estás seguro de tus parciales, Aben-Aboo? dijo gravemente el Julaní.
—Como lo estoy de la hoja de mi espada, contestó el jóven.
—Entra dentro, Aben-Aboo, dijo el Julaní, que no es prudente, hablar largo tiempo donde alguien pueda vernos juntos.
Y diciendo esto cerró la puerta de la ermita, fué á la que daba paso desde el exterior á su habitacion, la abrió, miró con recelo al camino, y viendo que en él no habia nadie, empujó al interior del patio á Aben-Aboo que le habia seguido, tiró de su caballo, y cuando estuvo dentro cerró el postigo. Un momento despues Aben-Aboo y el Julaní estaban sentados frente á frente junto al hogar.
—¡Oh! cómo nos engañamos los mas prudentes, dijo el Julaní: te muestras muy seguro de tus parciales, y sin embargo ni aun puedes sospechar donde se encuentra ahora Abul-Hhassam. Es, ó era segun creo uno de tus mayores amigos.
—Es sabio y santo, dijo Aben-Aboo: el espíritu de Dios ilumina sus pensamientos y las estrellas hablan para él con tanta claridad como el libro de Dios para los creyentes. Abul-Hhassam está en Argel donde yo le he enviado á pedir ayuda al dey Aluch-Alí.
—Sin duda que la costa del viaje habrá concluido con las últimas doblas de la hacienda que te dejó tu padre.