—Abul-Hhassam sabe que has gastado tu último doblon.
—Mis parientes han hecho pasar por su mano mis riquezas para ayudar la predicacion con la caridad, para proveernos en Africa de armas y de bajeles.
—Tus riquezas han servido para aumentar las de ese embustero.
—Abul-Hhassam es un santo.
—Ha sabido parecerlo, y tanto que os ha engañado á tus parientes y á tí.
—La prueba, una sola prueba.
—Vuelvo á repetirte una pregunta que ya te he hecho: ¿dónde crees que está en estos momentos tu santo faquí?
—Ya te he contestado que en Argel.
—Hace una hora que Abul-Hhassam ha estado aquí, y ha entrado por la mina en Granada.
—Pero eso es imposible, imposible de todo punto. Ayer tarde se me mandó de órden del emir, que estuviese hoy en Granada, y yo me he apresurado á cumplir su mandato. Pero no sabia que me esperaban tan malas nuevas.