—Pues aun hay mas. En Granada se dice entre los moriscos, que Aben-Humeya será su rey, y que para evitar toda disension, casará con la hija del emir.

—¡Con la hija del emir! ¡con la sultana Amina! pero Aben-Humeya está casado con Inés de Rojas.

—La repudiará.

—¿Y su hijo?

—Le abandonará como á su madre.

—Pero esto es un tejido de infamias.

—¿Y crees tú que se pare mucho Aben-Humeya en cometerlas, si son necesarias para alcanzar el reino? Es necesario que renuncies por ahora á la corona. El emir es poderoso. Nosotros los monfíes lo podemos todo. Cuando Yaye-ebn-Al-Hhamar, proteje á Aben-Humeya, es necesario obedecer y callar. Y luego, aunque Aben-Humeya sea elegido rey, nada debe importarte; él tendrá que vencer las primeras y mas duras dificultades, y luego tú...

—¿Y qué me importa que Aben-Humeya sea elegido rey, en comparacion de la pérdida de Amina?

—¿Cómo! ¿conoces á la sultana?

—No.