—Concluyamos: son cinco hombres y dos mujeres: el uno y la una amos: los otros criados: el señor, el amo, es un hombre de cuarenta y mas años, muy rico, muy noble, pero muy altivo: la señora, el ama, es una doncella muy hermosa, segun dicen, y segun dicen tambien muy caritativa y dulce, y tratable y muy cristiana, eso si: dicen que es un ángel. La otra mujer, la criada, es una dueña como de cincuenta años, rezadora y gruñona, con la cara enjabelgada de soliman y las tocas tales y tan almidonadas, que mas que tocas parecen yelmo de encaje en lo tiesas: de los otros cuatro hombres, el mayordomo, el rodrigon, el cocinero y el paje, no hay que hablar: son cuatro demonios á los cuales nunca se les ve la risa. El señor se llama don Alonso de Fuenzalida, la señora doña Inés; la dueña doña Mónica, el mayordomo Rodriguez, el cocinero Cuchillada, el paje Ballestilla y el lacayo Judas.
—¡Pardiez! ¡pues tienen nombres de encargo los criados de mis inquilinos!
—Esto es todo lo que sé de esa familia... por lo demás pagan bien, cuidan de la casa, y tanto que en ella no entra persona viviente y son buenos cristianos.
—¿Con que nadie entra en la casa?
—Nadie; y eso que muchos señores que han visto alguna vez, aunque siempre encubierta á la señora, andan que se desviven por ella, y muchos se la han pedido á su padre... ¡pero ca! yo creo que doña Inés se destina á monja.
—¿Tan recatada anda?
—Como que se pasan meses enteros sin que se la vea ni por una rendija de los miradores: cuando sale á misa, y eso muy de mañana, va cubierta de los piés á la cabeza con un manto, á través del cual el mas lince solo puede verla un ojo, pero un ojo como un sol... eso si... por lo hermoso del ojo, y luego por su andar noble y grave y por su talle y por su apostura, y por una mano que suele asomar bajo el manto, y por la punta de un pié que suele verse bajo la saya, se adivina... que es adivinar, se tiene certeza, de que es hermosa, muy hermosa, hermosísima, y... vamos señor Diego Lopez... vos sois noble, rico, valiente, gallardo y vuestra inquilina es hermosa, honrada, noble y rica... sois mozo... y ella soltera... y ¡qué diablos! si no os empeñárais en echarlos de la casa, y os presentárais como dueño, acaso, acaso...
—¿Y dónde habeis tenido vos ocasion de ver, aunque encubierta, á doña Inés? dijo Aben-Aboo.
—En mi casa tres veces.
—En vuestra casa... ¡Ah! ¡ya! la habeis visto tres veces, y tres veces han representado en el corral los comediantes...